El camino de regreso fue largo y silencioso. La fiebre me tenía preso,los ojos me ardían pero me consolaba saberme entre amigos, camino deun merecido descanso y con ayuda de Bahamut, de una cura para la ponzoña que devoraba mis entrañas. Nada nos hacía presagiar los fatídicos sucesos acaecidos la noche anterior en el pueblo al que nos dirigíamos, que llevaron a esas buenas gentes al borde de la desesperación. Ya por el camino y a medida que cruzábamos las granjas cercanas,percibimos que algo no iba bien. Un silencio sobrenatural lo envolvía todo. El ruido de nuestras pisadas se tornaba estruendo en aquella mortaja de silencio. Parecía como si el propio bosque guardara silencio temeroso de despertar con sus susurros algún mal primigenio.Refugio Invernal nos recibió con miradas de miedo y desesperación. Una vez tras sus muros pudimos saber de la fatal suerte que habían corridoalgunos de sus habitantes la noche pasada y de la actual amenaza quese cernía sobre todo el pueblo; La marea de malevolencia que emanaba de la brecha que intentábamos cerrar, había hecho que los muertos volviesen a caminar impulsados por una fuerza demoniaca que los llevaba reclamar las vidas de sus antiguos vecinos. La situación en el pueblo era crítica y los ánimos estaban muy crispados. A pesar de mi obcecación en intentar esa misma noche, un rescate desesperado al cementerio cercano, la enfermedad y el cansancio se impusieron. Necesitábamos curación y reposo y ambos nos fueron dados por las buenas gentes de Refugio Invernal, Bahamut los colme de bendiciones. No había despuntado el alba y ya pisábamos suelo sagrado. Apenas habíamos cruzado su deslustrada puerta cuando comenzó a aparecer nuestro comité de bienvenida; Un pequeño ejército de esqueletos con dos enormes mastines demoniacos y comandándolos Ninaran. Mentiría si dijera que verla allí me sorprendió. Muy por el contrario. Ya había expresado a mis camaradas mis sospechas sobre tan siniestro personaje.Sin embargo, Elfindor, Bahamut sabrá por qué, siempre abogaba por su inocencia… Esa mañana, en el fragor de la batalla, Elfindor nos regaló una actuación soberbia con el arco, que sin duda nos ahorró un severo castigo por parte de los diabólicos mastines. Aun me maravillo al recordar esas dos flechas lanzadas al unísono, con precisión infalible, directas a la testa de las maléficas bestias. El impacto fue brutal, parando su carrera de forma fulminante. Tras unos momentos de combate cerrado, pronto conseguimos superar las tropas de esqueletos. A pesar de ello, Ninaran continuaba sometiéndonos a una lluvia de mortíferas flechas. El inevitable final llegó para la elfa y el dolor nubló los ojos de Elfindor al sostener la cabeza de la moribunda mientras entre susurros, exhalaba su último aliento. No pude consolarle, ninguna de mis palabras lo haría. Elevé una plegaria en silencio a Bahamut el justo, el magnánimo, el que todo lo ve y todo lo sabe. Oré por la elfa, por Elfindor, por nosotros y por todo este mundo que parecía desmoronarse por momentos, dependiendo tan solo de que un puñado de hermanos de batalla hicieran lo que debían, sacrificándolo todo en el proceso si fuera preciso. Muchos “Y si”, se arremolinaban en mi cabeza fustigándome con el aguijón de la culpabilidad. ¡Basta Dornarion!. No recorras caminos imposibles, pues el verdadero camino lo tienes delante y por Bahamut que va a empeorar mucho más antes de mejorar…
Splug cumplió su palabra y nos introdujo en las dependencias goblins a través de un pasaje secreto camuflado en uno de los muros del complejo. Entramos sigilosos como ladrones en la noche, buscando el más preciado de los botines, en nuestro caso, al malvado líder de los ejércitos goblins que protegían la entrada a la puerta entre planos.
Balgroj era su nombre y allí estaba frente a nosotros, envuelto en unos sucios harapos a modo de mantas sobre un viejo colchón de paja, dormitando entre ronquidos, ignorante del terrible final que se le venía encima. A juzgar por el odio que rezumaba la mirada de Splug hacia su líder, debió de haber sido un tirano despiadado y cruel.
Todo sucedió muy deprisa. Mi idea y pensaba que era compartida por el resto de mis compañeros, era capturar al líder goblin y hacerlo hablar. Mucha e importante información atesoraba en su pequeña cabecita verde, que sin duda nos sería muy útil a la hora de adentrarnos en los peligros que se escondía en los pisos inferiores. Sin embargo, la cruda realidad se impuso a nuestros planes y deseos; Lajos, actuó rápido y certero, mucho más que mi fútil intento de detener su mortal tajo que decapitó al goblin limpiamente. Actuó por instinto, como actúan los guerreros. Vio un problema y lo soluciono de la mejor forma que sabía; con su espada. Maldije para mis adentros, pero ni un solo reproche salió de mi boca. ¿Cómo podría, cuando han sido esos mismos reflejos y sus habilidades con la espada lo que nos ha permitido seguir vivos a cada paso que nos adentrábamos en esta siniestra fortaleza?.
Una vez muerto el líder, sólo quedaba solventar el asunto de qué hacer con sus más de 20 secuaces, que dormían en esas frías estancias, a apenas unos metros de donde nos encontrábamos. No queríamos llamar la atención y el combate no estaba entre nuestras opciones. En ello estábamos, discutiendo entre susurros sobre los posibles rumbos de actuación, cuando Mordanth volvió a hacer uso de su fría lógica y ante la sorpresa de todos y con uno de sus ya habituales suspiro de tedio, cogió la cabeza del malogrado líder y se dirigió hacia las habitaciones contiguas, portando la testa y agitándola frente a todo goblin que se cruzaba a su paso, como quién agita un crucifijo frente a un lord vampiro.
La escena fue dantesca, digna de un cantar de gesta de cualquier bardo que se precie. Mordanth a voz en grito, exhortaba a nuestros enemigos a tirar las armas y huir, mientras que la aun goteante cabeza de Balgroj, giraba en el aire arriba y abajo ante una creciente marea de pieles verde, que huía despavorida hacia la superficie con solo verla.
No pude por más que maravillarme ante la astucia de nuestro brujo. Consiguió despejar el camino de enemigos sin derramar una sola gota de sangre.
Continuamos recorriendo los pasillos hasta dar con una entrada a lo que parecía una cueva. La bajada fue sinuosa y cuando accedimos por un estrecho pasillo a la gran cavidad repleta de estalactitas, pudimos confirmar que es lo que Balgroj había estado alimentando allí abajo… Ratas lobo¡¡¡¡.
Nuestra primera incursión a las cuevas fue breve y llena de peligros. En ella pude comprobar una vez más el impresionante poder del brujo. Su dominio del fuego es algo asombroso. He de reconocer que su actuación contra esa extraña gelatina capaz de multiplicarse a cada uno de nuestros golpes fue esencial para salir bien parados de aquellas profundidades.
Una vez fuera, extenuados y necesitados de reposo no solo de nuestros cuerpos sino también de nuestros ánimos y espíritus, tomamos el camino de vuelta a Refugio Invernal. Esas frías profundidades nublaban nuestros corazones constriñéndolos con fuerza.
La visita a las cuevas me había dejado extenuado y enfermo. Esas ratas con su fatal mordedura emponzoñada, habían conseguido traspasar mi resistencia natural. Pido a Bahamut que en Refugio Invernal haya algún sanador capaz de mitigar este creciente malestar que de mí se apodera…

Una oda a la estridencia es su voz. Por su boca surgen torrentes de mentiras y lisonjas con total naturalidad. El peculiar aroma de la traición le acompaña en cada uno de sus desgarbados movimientos y sin embargo como si de un encantador de serpientes se tratase, con su constante gorgojeo de lamentos y adulaciones, es capaz de adormilar nuestros instintos, que a voz en grito, luchan por abrirse paso en nuestras cabezas alertándonos sobre el individuo que tenemos delante.
Dice llamarse Splug y algo dentro de mí me dice que al liberarlo, hemos sellado un extraño vínculo que une nuestros destinos al suyo, solo Bahamut sabrá el porqué.
Ese inocente acto de forzar unos barrotes que lo mantenían preso, puede haber supuesto el inicio de un nudo importante en el gran tapiz del que todos formamos parte y en el que se tejen las grandes Historias con los hilos de oro y plata que son nuestros destinos.
Mis sentimientos se debaten entre la repugnancia y la piedad, hacia alguien que parece tan desvalido y servil. Gracias al Todopoderoso, mi sentido común impera y me juro a mi mismo no perderlo de vista ni un segundo, pues seríamos degollados al menor descuido si en algo pudiera beneficiarse.
Nunca lo reconocerá ante é, pero y dada la información que parece atesorar esa pequeña cabeza suya, puede que nuestra “unión” nos reporte una cierta ventaja frente a nuestros rivales y si su información es cierta, el primero de ellos mora en una de estas salas. Se llama Balgroj y parece ser el jefe de los goblins que cuidan la entrada a la grieta.
Dos relatos más captan mi atención. En uno de ellos, Splug nos habla de una habitación oscura con escaleras que descienden a las profundidades de la roca. El miedo parece sobrecogerle cuando lo menciona, el mismo miedo que detecte en los goblins que eliminamos en la primera habitación. Creo que habremos de andar con mucha cautela si decidimos explorar esa zona.
Splug también menciona a los amos de las profundidades, que son ante los que responde su caudillo. ¿Será la tan temida escalera la zona de acceso a las profundidades de la grieta? ¿Se hallara Kalarel bajo el suelo que en estos momentos piso?...
¡¡Concéntrate Dornarion!!. Esto solo acaba de empezar y aun nos quedan muchos peligros a los que en afrentarnos. Uno de ellos puede estar en este momento caminando delante de ti y responde al nombre de Splug….
Todo pasa muy rápido. Intentando ganar el factor sorpresa irrumpimos en la sala en tromba, como una cascada de acero y músculo. Tenemos ante nosotros una cámara de tortura, donde un hobgoblin ataviado con ropajes más propios de un maestro torturador, es secundado por 4 goblins mientras prepara el potro.
Lajos espada en mano, carga contra dos de los goblins, mientras que yo, empujado y enardecido por su ímpetu guerrero, me lanzo contra los otros dos. Ahora que la “furia de combate” no nubla mis ojos, me doy cuenta de mi error. Debí dejar a Lajos el enfrentamiento con el hobgoblin. Su tamaño, fuerza y fiereza, podrían haberme destrozado de un golpe. Sin embargo, en ese crítico momento, todas las enseñanzas recibidas durante mi adiestramiento en Sigil se abrieron paso en mi interior y de un solo y mortífero golpe, despache a mi adversario curándome en el proceso. Mi maestro Arwyl se habría sentido orgulloso.
Este combate me ha servido para conocer mejor a mis camaradas de armas. Lajos es un hombre de acción, valiente y enérgico. Mantiene la cabeza fría en todo momento, permitiéndose incluso ciertas florituras que en mi caso dejaron impresionado, al ver como de un certero golpe empujaba a un goblin dentro de una dama de hierro, cerrando la puerta tras él con un fantástico giro.
El poder arcano de Mordanth es impresionante. Es capaz de acabar con sus enemigos mientras se fortalece robándoles su esencia vital. Como el mismo afirma, no tendré que dedicarle demasiados esfuerzos curativos. El poder de teleportación no le es ajeno, lo que le permiten “aparecerse” a voluntad en cualquier punto del campo de batalla.
Un hombre poderoso sin duda y sin embargo, hay algo en él que me inquieta. No sabría decir qué es a ciencia cierta. Quizá ese halo de oscurantismo que parece rodearle, quizá su reconocido afán por conseguir “objetos” místicos. Una cosa está claro; su objetivo está relacionado de alguna forma con Kalarel…
Elfyndor siempre en vanguardia guiando nuestros pasos a salvo de cualquier trampa. El elfo, pone voluntad pero creo que es objeto de una poderosa maldición. ¡Jamás vi a nadie con tan mala puntería con un arco. Solo le falta clavárselas en su propio pie!.
Por ahora no voy a comentarle nada, no quiero preocuparle más de lo necesario, sobre todo teniendo en cuenta las duras pruebas que se nos avecinan. Pero en cuanto pisemos una villa con un templo de Bahamut, haré que me acompañe para que lo purifiquen. Ya solo nos faltaba que además de enfrentarnos a los peligros que nos aguardan tengamos que preocuparnos por ser heridos por sus propias flechas.
En estas reflexiones estaba yo, cuando la estridente vocecilla de Splug me devolvió de un sopapo a la fría mazmorra....
CONTINUARA...
La llegada a la antigua ciudadela, en cuyas entrañas se esconden incontables peligros, es desoladora. Hasta el mismo bosque contiene el aliento en ese lugar. Ni un solo animal se atreve a acercarse por aquellos páramos.
Entramos como ladrones en la noche, sigilosos como serpientes colándose en el nido de un águila. Sin embargo y a pesar de nuestros esfuerzos por mantener el factor sorpresa, el primer combate no se hace esperar. Una patrulla de goblins, alertada por el escándalo producido por Mordanth al caer en un nido de ratas rabiosas, hace que nuestras armas se tiñan de rojo.
He de admitir, que lo que pensaba no sería más que un entrenamiento, se torno un verdadero combate, donde Lajos, nuestro valeroso y robusto ariete ofensivo, tuvo que sufrir severas heridas antes de que cayeran esas insidiosas criaturas. Sin embargo algo he de reconocer a estos goblins, y es que sus escurridizas tácticas de batalla casi consiguen romper nuestra formación de combate teniéndonos que emplear a fondo para resolver el enfrentamiento a nuestro favor.
“Gizmo” era su nombre. Alardeaba de tener el aliento más fétido de toda su extensa familia (nada menos que 233 hermanos). No era muy listo, de hecho más bien lo contrario, pero su habilidad con la ballesta era conocida, y a la manera goblin, respetada por sus iguales. Cuentan sus hermanos de sangre, que era capaz de castrar un tejón a 200 pasos de distancia con uno de sus virotes. Sin duda exageraban, pero nuestro buen Lajos podrá atestiguar la mala fe con la que disparaba sobre él su ballesta. Tiros mortíferos preferiblemente a la entrepierna.
Tras mi “llegada” a estas tierras, Gizmo ha sido el primero en sucumbir bajo el peso de “mi justa ira” y sabe Bahamut que otros muchos habrán de correr su misma suerte antes de que desbaratemos los diabólicos planes de Karalel..
Tras el combate, cuando comenzamos a inspeccionar el lugar, unos agudos chillidos llaman nuestra atención con lo que dirigimos nuestros pasos hacia una pesada puerta de madera tras la que parecen emanar dicho lloriqueos. Nada nos hacía presagiar el sorprendente hallazgo que estamos a punto de realizar…
Mi llegada a Refugio Invernal fue fría y sombría, tanto como la moral y el ánimo de los habitantes de aquella avanzadilla de la civilización. Pero cómo culpar por ello a sus habitantes, con los oscuros presagios que se cernían sobre aquel lugar. Era como si algún dios maligno hubiera maldecido esas tierras llenando de sombras y temor las almas de sus habitantes. Hasta el ganado lo sentía...
Bahamut, es magnánimo a la vez que sabio y fue sin duda su divina intercesión la que propició el encuentro con el grupo de heroes , entre los que ahora me encuentro, que casualmente habían quedado sin un clérigo que curase sus heridas y sanase sus cuerpos en batalla.
Aquellos a los que ahora llamo camaradas, me abrieron sus corazones ofreciéndome un lugar en el seno de su compañía. Recuerdo ese momento muy nítidamente y me veo a mi mismo entonando una plegaria a Bahamut para que me permitiera ejercer mis artes curativas con la máxima destreza y diligencia para con aquellos que en ese momento me aceptaban.
Esa misma noche comprendimos que lo que parecía ser una simple incursión de bandas de traicioneros goblins en la zona, se trataba en realidad de algo mucho más inquietante y peligroso. Al parecer, diabólicos intereses pretendían abrir una grieta, tiempo atrás sellada por el Imperio, que permitiera el paso a un plano del caos. Entonces lo vi claro. Mi misión se me revelaba de nuevo ante mis ojos. Bahamut hablaba por labios del sabio Valthrun "el presciente" y me brindaba en bandeja de plata la oportunidad de enmendar mi fatídico error y un grupo de valeroso aventureros que me ayudaran a llevar a cabo tan arriesgada gesta.
Por la mañana y tras unas horas de reposo abandonamos la villa, dejando atrás a un posible traidor que informaba de todos nuestros pasos a Kalarel, nuestro objetivo final.
Mis compañeros aun no lo saben, pero en nuestras espadas, mazas, flechas y poderes arcanos esta el futuro de este mundo, de esta realidad. Si nosotros fallamos, todo estará perdido y Kalarel desatará el infierno en la tierra acabando con toda forma de vida... La responsabilidad pesa sobre mis hombros como un enorme yunque, pero algo dentro de mí, me dice que junto a mis nuevos compañeros tenemos una oportunidad. Y por Bahamut y todos mis antepasados que no voy a desaprovecharla.
En anteriores sesiones de D&D “La Fortaleza del Páramo Sombrío”…..
Nuestros héroes viajan desde Fallcrest a Refugio Invernal cada uno llevado por sus intereses. En el camino son asaltados por un grupo de Kobolds al los que despachan con mayor o menor fortuna.
Refugio Invernal
Una vez llegan a Refugio Invernal se hospedan en la Posada del Pueblo ( Posada Wrafton ) ( 2 ) dónde les recibe la Posadera Salvana Wrafton. Allí también conocen al Ellian el viejo, que parece saber casi todo los que se cuece por allí, en general la gente esta molesta con los Kobolds que en los últimos meses parecen envalentonados y más organizados.
Lord Padraig, caudillo de Refugio Invernal recibe a alguno de los héroes ( en nombre de Lajos Haven, guerrero del grupo ). Lajos ha sido enviado desde Fallcrest para acabar con la amenaza Kobold ya que los lazos comerciales se están debilitando debido a los continuos ataques. Lord Padraig parece saber dónde se halla la guarida de los Kobolds. Cuando se le pregunta acerca de un culto a Orcus parece desconcertado y nervioso y piensa que es imposible algo así. A Ronald Kelfem ( jefe de la guardia ) le gustaría ayudar a los héroes en la captura de los kobolds, pero la guarnición esta escasa de hombres. Les cuenta a los héroes que entre los Kobolds que han combatido se susurraba el nombre de “Diente de Acero”
El enano clérigo del grupo parece buscar a un tal Douven Staul, un humano amigo de su tío que vino hace unas semanas a Refugio Invernal tras una pista de un posible lugar dónde se hallaba un dragón enterrado. Cuando se pregunta a los lugareños, todos lo recuerdan y Ellian el viejo traza un mapa dónde el sospecha que marchó Douven.
También contactan en el pueblo con Valthrun “el presciente”, un sabio que vive en una torre alta de Refugio Invernal ( 6 ). Cuando es preguntado sobre el Páramo Sombrío cuenta a los héroes que el Páramo se hizo durante le imperio antiguo como un lugar de vigilancia, no sabe exactamente para que, algunos dicen que para detener a incursores Gnolls pero el no cree que fuera para eso. Dice también que esta en ruinas desde antes que el naciera y que probablemente sirva ahora de guarida goblin. También les dice que le ha picado la curiosidad y que investigará un poco mas el tema, invitando a los héroes que los visiten en un par de días para contarles más sobre el Páramo.
Los héroes también visitan el templo que adora a Avandra, ( 10 ), dónde esta la hermana Linora, la herrería ( 5 ) con el enano Tahir Coalstriker y la tienda de suministros ( 7 ) dónde Bairwin Lindarson no hace mas que quejarse de las pocas ventas de los últimos meses.
También se topan en la taberna con una elfa no demasiado sociable, llamada Ninaran que parece no querer saber nada de nadie.
Ninaran la elfa
Los héroes con toda la información deciden en primer lugar buscar el lugar de excavación del amigo desaparecido del clérigo. Cuando se dirigen hacia allí son emboscados por Kobolds, a los que despachan. El líder hechicero de los Kobolds llevaba un colgante con el signo de Orcus…mhhh…sospechoso…
El viaje de los Heroes
Cuando al fin llegan al lugar de la excavación se encuentran con un grupo de hombres ( portugueses ), un halfing y un gnomo. Finalmente hay toñas entre ellos y rescatan a Douven que estaba prisionero de ellos. Douven les cuenta que cuando estaba preso oyó al Gnomo hablar de un tal Kalarel y que debía de llevarle el espejo que habían encontrado en la excavación….( un espejo no mágico del antiguo imperio ).
Los héroes siguen su camino hacia el punto dónde debía estar la guarida Kobold. Llegan hasta la cascada donde están los Kobolds, se abren camino y en una lucha épica se enfrentan a Diente de Acero que con su último aliento grita “Kalarel y Orcus, preparad mi camino!!!”
Diente de acero antes de palmar…..
Entre las pertenencias de Diente de Acero encuentran algo mas valioso incluso que su cota de malla mágica ( aunque Lajos no opine lo mismo ) y es una carta firmada por Kalarel…que dice…
“ Mi espía en Refugio Invernal sugiere que mantengamos
vigilados a los visitantes. Probablemente no importe demasiado
ya que en unos pocos días mas habré abierto por completo la fisura.
Entonces la gente de Refugio Invernal servirá de pasto para
las hordas que Lord Orcus envié bajo mi mando”
Con esto en mente, los héroes van a regresar a Refugio Invernal, no sin antes despedirse de Borkam Yunquescarcha que tras haber hablado con su amigo Douven, éste le dijo que su tío estaba preso, seguramente en un lugar llamado Thunderspire… Borkam, os abandona y antes a su amigo Elfyndor, le deja el colgante que Douven les dejó por ayudarles….
Que sucederá ahora…los héroes están sin clérigo, hay un espía que les acecha, quien es Kalarel???...cual es la historia de Páramo Sombrío???....que se esconde allí????...que pasará ahora con las familias de los portugueses???
Todo parece perdido….o…no….
Galeria de PNJ
Eilian el Viejo: siempre en la taberna y pendiente de todo lo que pasa. Su curiosidad es directamente proporcional al amor que profesa a su pipa.
Valthrun “el presciente”: este sabio ocupa un lugar privilegiado en Refugio Invernal. Desde su torre, abarrotada de viejos escritos, se vislumbra la Fortaleza del Páramos Sombrio. Este sabio esta dispuesto a satisfacer la curiosidad de los héroes..pero…¿a que precio?...
Lord Padraig: regente de Refugio Invernal parece encantado de la ayuda que ha recibido de los héroes, la sola idea de que pueda haber un culto maligno cerca de la ciudad parece preocuparle bastante.
Ronald Keflem: capitán de la guardia. Un hombre de aspecto duro y marcial. Parece no gustarle demasiado que gente de fuera solvente los problemas internos aunque reconoce tener la manos atadas por Lord Padraig.
La hermana Linora: adoradora de Avandra y regente del Templo, esta sacerdotisa esta muy preocupada por el daño que estan sufriendo los aldeanos por culpa de los ataques Kobolds…sabrá algo del culto ¿??
Thair Coalstrike: el herrero del pueblo, cuando es preguntado por los Kobolds su cara se incendia aún más que su forja. Sabrá algo el enano del culto???
